miércoles, 22 de febrero de 2017

La sombra del Tenorio es alargada con Chete Guzmán

Llega a Rivas Vaciamadrid, epicentro de su estreno en la Comunidad de Madrid, la función teatral de La sombra del Tenorio de José Luis Alonso de Santos, coincidente con el segundo centenario de José Zorrilla.


Una obra en cuatro escenas, ambientada en los años cincuenta y que nos cuenta la historia de un viejo cómico, Saturnino, que en las postrimerías de su vida, marcada por el personaje del criado de Don Juan, Ciutti, se prepara para interpretar en el más allá el papel de protagonista, el papel del Tenorio.

La obra es un monólogo de  una hora y cuarto de duración, sin descanso, dividido en cuatro escenas en el que se  mezclan anécdotas, episodios y sucedidos, ya sea en la realidad de Saturnino como en la ficción de Don Juan Tenorio, cuyo único testigo es el personaje imaginario de una monja cuyo nombre, no podía ser de otra manera, es Sor Inés.

El montaje está interpretado de principio a fin por el actor Chete Guzmán, al que le preceden unas críticas inmejorables. Actor de enormes recursos y talento, tanto para la comedia como el drama, realiza una labor intensa que es capaz de hacer reír, llorar y soñar siempre con el telón de fondo del inolvidable personaje, del seductor por antonomasia, Don Juan Tenorio.

Estamos sin duda ante uno de los fenómenos teatrales imprescindibles de la temporada que conmoverán a los aficionados y a la ciudad ripense


AUDITORIO PILAR BARDEM. 11 DE MARZO DE 2017. 20 HORAS. RIVAS VACIAMADRID.
VENTA DE ENTRADAS ANTICIPADAS.

Entradas anticipadas

miércoles, 15 de febrero de 2017

IV Premio internacional de poesía Covibar Ciudad de Rivas

Desde hace ya cuatro años, la Asociación Letras Vivas organiza el Premio internacional de poesía Covibar Ciudad de Rivas que se ha consolidado como un importante galardón en el panorama poético nacional y le ha otorgado a Rivas Vaciamadrid, con el patrocinio inestimable de la Cooperativa Covibar en su lucha por la difusión cultural, un premio que la ciudad madrileña, todo un referente, se merecía por derecho. Publicado Ediciones Vitruvio, una de las más relevantes editoriales poéticas de nuestro país, el premio se caracteriza por su limpieza, rigor y justicia, asegurándose que siempre lo recibe el mejor de todos los libros que se presentan. Os dejamos las bases de la presente edición.


IV PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA COVIBAR-CIUDAD DE RIVAS

La Cooperativa Covibar y Ediciones Vitruvio convocan el «IV Premio internacional de poesía Covibar-Ciudad de Rivas», con la organización de la Asociación Cultural «Letras Vivas» y la colaboración de la Asociación de Escritores de Rivas.

BASES

1. Podrán participar poetas de cualquier nacionalidad y edad. La participación en esta convocatoria implica la total aceptación de sus bases.

2. Los originales presentados serán inéditos, entendiendo como tal que estén libres de derechos y que la mayor parte de sus poemas no hayan sido publicados. Deberán estar escritos en lengua española y tener una extensión apropiada para conformar un libro de poesía, no deseando la organización imponer un número estricto de versos mínimo ni máximo.

3. Los originales se presentarán por triplicado acorde a los siguientes requisitos: cosidos o encuadernados y mecanografiados en letra de cómoda lectura (recomendado: Arial o Times New Roman).

4. El Premio internacional de poesía Covibar-Ciudad de Rivas se adjudicará mediante el sistema de plica cerrada. Los originales, en cuya portada aparecerá sólo el título de la obra, deberán ir acompañados de un sobre cerrado opaco en cuyo anverso se encuentre ese mismo título y que contendrá los datos del autor: nombre, apellidos, edad, dirección (tanto física como electrónica) y teléfono, así como una breve reseña biográfica literaria. Dado que el premio se caracteriza por su absoluto rigor y limpieza, los originales no deberán mostrar elemento alguno en su forma o contenido que permita averiguar la identidad del concursante, lo que implicaría la descalificación inmediata.

5. El plazo de admisión de originales comenzará el 03 de marzo de 2017 y terminará el 30 de abril de 2017. Se considerarán válidos los matasellos dentro de la fecha límite. Las obras pueden ser remitidas por correo, o en persona, a una de las siguientes direcciones: CENTRO SOCIAL COVIBAR, Avenida del Deporte s/n. 28523. Covibar-Pablo Iglesias. Rivas Vaciamadrid. Madrid; o EDICIONES VITRUVIO, Calle Menorca, 44. 28009. Madrid. En el sobre siempre deberá indicarse: "Para el IV Premio internacional de poesía Covibar-Ciudad de Rivas".

6. Ediciones Vitruvio designará un jurado formado por especialistas de reconocido prestigio. El fallo, que será inapelable, se hará público entre los meses de mayo y junio: se dará a conocer a los medios de comunicación y, con anterioridad, al autor galardonado.

7. Se establece un premio único consistente en la publicación del libro por parte de Ediciones Vitruvio en su colección Baños del Carmen.


8. Los originales no serán devueltos y serán inmediatamente destruidos tras el fallo. No se mantendrá comunicación ninguna con los autores.

lunes, 13 de febrero de 2017

De un tiempo de cerezas de Luis Pastor

Presentación que la escritora ripense Elena Muñoz hizo del poemario del cantautor el pasado día 9 de febrero de 2017 en el Centro Social de Covibar.

No sé si es casual, no lo creo, que en el título de este poemario que hoy se presenta  aparezca la cereza  como la protagonista. Y digo que no es casual porque es una imagen con una muy certera ambivalencia. Por una parte su raíz estremeña, como la de su autor, surgiendo de esos cerezos en flor que bien podrían ser los del Valle del Jerte, que rompen las retinas en una explosión de belleza entre el invierno y la primavera. Por otra su propia morfología, ese fruto que se come de uno en uno, enredados entre sí,  a veces, como cada poema que engloba De un tiempo de cerezas de Luis Pastor.

Quizá esperen ustedes que comience hablando de su autor. No lo voy a hacer -en la solapa del libro tienen su biografía artística- Permítanme ustedes que deje a un lado la remembranza del poeta, que no me retrotraiga a su pasado, rico en manifestaciones musicales y culturales, y que tan unido está a nuestro imaginario común de años de búsqueda de la libertad en tiempos muy oscuros. Todos conocemos quién y qué es Luis Pastor en la memoria histórica y musical de España en los últimos cuarenta años.

Hoy estoy sentada a esta mesa, como una comensal invitada a un banquete de poesía,  para contarles simplemente mi impresión de este libro de poemas, mi sentir, mis emociones al leerlo. No voy a hacer una crítica literaria, ni tan siquiera un desglose de estilo, de semántica o de significado. Para ello está el prólogo magníficamente construido de José Manuel Díaz, absolutamente recomendable antes de iniciar la lectura de los poemas.

Quiero empezar por decirles que cuando se cierra este libro, cuando concluimos su lectura, podemos sentir de todo menos indiferencia. Tal vez porque los versos que van surgiendo, como esas cerezas a las que antes me refería, alimentan emociones que nos llevan desde la sonrisa a la congoja, desde la ilusión al desamor, construyendo imágenes en nuestra mente que nos atrapan.

Un paseo por el tiempo común, por las edades pretéritas que van dejando, como en el cuento, unas migas comidas ya por los pájaros y a las que sólo podemos regresar con la memoria.
En el principio, como no, es la infancia del autor la llave que abre el poemario. Una infancia  recordada siempre es feliz, aunque no lo haya sido. Porque solo entonces es cuando miramos al mundo por primera y única vez; después todo serán recuerdos:

«Era el tiempo de ser niño
por la limpia voz y el agudo grito».

Nos dice el autor, mientras van surgiendo las estrofas sobre los padres, el río, el abuelo, los veranos y las encinas que llenaron las horas y los días del niño que fue.
Y esos días se fueron haciendo años, y esos años abrieron la puerta al amor, puerta que traspasamos nosotros también en una segunda parte para encontrarnos con la belleza, con reflejo de unos ojos, con las lágrimas de la pena cuando se entrega el corazón latiendo a prisa o se recoge a trozos como barro deshecho entre los dedos. No hace falta olvidar, piensa el autor,  para seguir caminando, simplemente recordar sin rencor.

   
    no atrases el reloj de la conciencia,
    jamás comas del árbol de olvido
    aprende a rechazar lo que no cuenta».
«Vuelve de nuevo a nacer desde un suspiro

    ¿Quién puede  andar la vida sin compromiso cuando es eso y no otra cosa la propia vida? El poeta nos lo explica en la tercera parte del libro con imágenes sencillas  que a todos nos destellan en ese rincón donde guardamos aquello que también por compromiso nos transformó un día: el odio a las armas, la solidaridad con el débil, la utopía nunca alcanzada, por ser una utopía, de la paz. Los versos de Luis Pastor se escapan para mostrarnos aquello que pudo ser y no lo fue, pero que nos hizo felices, cuando pensamos que todavía -sí por, favor, dejen que lo soñemos- podemos cambiar el mundo, a pesar del tiempo, o tal vez por eso.

    «Pero otro mundo es  posible
    otro mundo diferente,
    otra manera de vernos
    otra forma de ser gente».

Rojas cerezas que apenas ya van quedando en el cesto cuando estamos llegando a la parte final, y el poema se envuelve en la música- cómo no iba a ser así- y la música se transforma en la palabra de un estribillo, y el estribillo en un homenaje aquí a Camarón, allí a Pablo Guerrero, y el homenaje en lágrimas negras de pena negra recordando el 11 de marzo.

«Cuatro años de dolor para el recuerdo,
cuatro años de ausencias y reflejos,
Cuatro años de trenes sin regreso».

    Y cerramos el libro concluido. Y lo volvemos a abrir buscando esa imagen, ese verso, ese poema que se nos quedó pegada a la punta de la lengua, bailando en los oídos, brillando en nuestros ojos.
Ritmo, imagen, palabra, la santa trinidad de De un tiempo de cerezas. Que lo disfruten.            

jueves, 9 de febrero de 2017

Las pinturas eróticas de Pompeya

No cabe duda de que las pinturas descubiertas en el siglo XVIII bajo las cenizas del Vesubio debieron causar una gran impresión. Las excavaciones fueron encargadas por el entonces rey de Nápoles, el futuro Carlos III de España, quien tenía el objetivo de recuperar restos romanos que adornaran sus jardines y palacios.

Esas pinturas, con una explícito caracter sexual, se encontraban a lo largo de la ciudad y en los edificios usados como lupanares. La pregunta es : ¿eran los romanos unos depravados? A los ojos de la moralidad cristiana no cabe duda, pero sobre lo que tenemos que reflexionar en primer lugar es sobre el concepto que tenían los habitantes del Imperio sobre el sexo.

Los romanos se sabían descendientes de la misma diosa del amor, Venus, através de Eneas, por lo que ya, desde su origen el amor carnal estaba enraizado. Las costumbres "libertinas" estaban instauradas entre los ciudadanos, no así entre los esclavos, que solamente podían ser objeto e intrumento de placer. Basta recordar a Tiberio, Calígula o Nerón para comprender que incluso entre los emperadores el relajo sexual se encontraba bien implantado.

Tambien es difícl de comprender la visión que se tenía de la homosexualidad. En Roma no era una opción de género, sino simplemente una manera de obtener placer. También por ello estaba bien vista la bisexualidad tanto de hombres como de mujeres.Por tanto no es extraño que estas costumbres se convirtieran en motivo de decoración en villas y prostíbulos de la ciudad.

Pero centrándonos en el ámbito artístico no cabe duda de que estas pinturas son un claro ejemplo del arte gráfico romano, descendiente directo del griego. Tanto es así que los estilos de pintura romana se han definido en base a la pompeyana. En ellas se han definido cuatro estilos: el primero o de incrustaciones en el que  podemos el espacio dividido en tres franjas ; el segundo o arquitectónico que busca una cierta perspectiva; el tercero u ornamental donde se busca un claro objetivo decorativo; y por último el cuarto estilo o de ilusionismo arquitectónico en la segunda mitad del siglo I d. C. y es una especie de síntesis de las tendencias anteriores, dominadas por una escenografía fantástica donde se combinan los motivos imaginarios y las perspectivas arquitectónicas, dentro de lo que podíamos llamar barroquismo conceptual, donde se acentúan los espacios y fingimientos ópticos.

Los procedimientos usados en esta pintura debieron ser el encausto, el temple y el fresco. Aunque se sabe que los romanos desarrollaron la pintura sobre tabla, los restos pictóricos conocidos más importantes son de tipo mural, frescos protegidos con una capa de cera que avivaba los colores, mayoritariamente primarios y secundarios.

EL CASTIGO DE LOS DIOSES


    Lucía el sol en la campiña. Las uvas maduraban colgando de los pámpanos como lágrimas de Baco, del dios que habitaba en la cumbre de la gran montaña, que como uno de los titanes se erigía sobre la ciudad con el nombre de Vesubio.
    Un hombre y una mujer se desperezaban en su lecho. Sus ojos se habían abierto al nuevo día del mes dedicado a Augusto tras una noche de amor.
    Todavía parecían resonar los suspiros, los susurros que habían quedado como  ecos en las paredes. Todavía parecían sentir cada uno de ellos los dedos del otro recorriendo sus cuerpos, acariciando sus pieles.
    Sobre sus cabezas una pintura retrataba a dos de los dioses a los que todos los amantes se encomendaban: Venus y Marte, observados por Cupido. La diosa siempre hermosa, seductora, semidesnuda, abrazada por el dios guerrero.
    Repentinamente una gran explosión atronó los oídos de Marcus Lucretius, que así se llamaba el dueño de la casa y de su concubina. El suelo comenzó a temblar , el volcán se despertó de su largo letargo abriendo las puertas del averno.
    Fueron tres días de escupir fuego y lava que convirtieron la bella ciudad de Pompeya en un mausoleo, enterrando todo lo vivo y lo inerte, llenando de muerte y desolación lo que hasta ese momento había sido alegría, placer y prosperidad.
    Tal vez  los dioses envidiosos de la felicidad de los hombres quisieron recordarles su propia mortalidad.


Artículo y relato Elena Muñoz





viernes, 13 de enero de 2017

Altamira: la real academia del arte cuaternario

La real academia del arte cuaternario: así llamó a las cuevas de Altamira el pintor inglés Henry Moore haciendo referencia a la importancia de las pinturas rupestres que contiene.

Situado en la región de Cantabria, este conjunto pictórico, uno de los más relevantes del arte del cuaternario dentro del estilo franco cantábrico, debe su descubrimiento a la casualidad. Casualidad que llevó a un perrillo de caza a quedar atrapado entre los matorrales que cubrían la entrada. Su dueño, Modesto Cubillas, allá por el año 1868, observó que lo que pensaba que no era más que una madriguera se abría en profundidad hacia una cavidad más grande.

Puso en conocimiento de su patrón, un conocido terrateniente local y paleontólogo aficionado llamado Marcelino Sanz de Sautuola su hallazgo. Este hizo una primera aproximación para volver diez años después con la intención de investigar más a conciencia. Em 1879 se produce por parte de la pequeña María, hija de Sanz de Sautuola, el encuentro con la cueva de los bisontes y su magnífica bóveda.

Un descubrimiento de esa magnitud no podía quedar oculto y Sanz de Sautuola lo puso en conocimiento de la comunidad científica quienes, sobre todo por parte de los especialistas franceses, se mostraron altamente escépticos.Llegaron a afirmar que las pinturas habían sido realizadas por el mismo Marcelino, ya que contradecían las teorías evolucionistas: era imposible en individuos tan primitivos tamaña perfección artística.

Finalmente, la aparición de las pinturas de La Mouthe, en Francia, de similares características a las de Altamira llevó a que los principales detractores, entre los que se encontraba Emile Cartailhac, reconocieran su error y se retractaran. Altamira es desde entonces uno de los santuarios de las pinturas rupestres, designada patrimonio de la humanidad en 1985.

El conjunto rupestres está situado en un promontorio y contiene aproximadamente ciento cincuenta pictogrifos en sus diversos habitáculos que se extienden en longitud unos 270 metros. El conjunto que más resalta es, por supuesto, la llamada sala de los polícromos, que nos muestra un techo de unos 120 metros cuadrados en los que apreciamos un conjunto de animales, sobresaliendo los bisontes, caballos y algún cérvido, en un estilo naturalista que asombra dada la antiguedad de las pinturas. Acompañan a estas figuras otras antropomórficas, más esquemáticas , y líneas tectiformes.

Las figuras no forman escenas, ya que aparecen yuxtapuestas en ocasiones, sin que la perspectiva  tenga ningún interés para el artista. Este aprovecha las hendiduras, las grietas y los resaltes para proporcionar volumen a los muslos, vientre y costados, para colorear después utilizando pigmentos minerales como el negro de manganeso o carbón vegetal, y el rojo con óxido de hierro. También llegan a utilizar la sangre en ocasiones como pigmento, aglutinándolo con grasa. Como pinceles los dedos, cañas, o escobillas hechas con hojas de pino.

No cabe duda de que el artista o los artistas de Altamira habían adquirido una gran destreza en el dibujo y en la reproducción de la naturaleza. Pero la incógnita que permanece después de tantos miles de años es cuál fue la intención de llevar a cabo estas pinturas.

Durante mucho tiempo la teoría de la magia simpática es la que pervivió, sobre todo por similitud con culturas primitivas actuales. A través de esta teoría se afirma que estas repoducciones sirven para atraer la caza.

Pero actualmente se barajan otras interpretaciones más de caracter espiritual o chamanista, pedagógica (para iniciar a los cazadores) o simplemente del arte por el arte.

Sea cual fuera la razón, no cabe duda que Altamira es el ejemplo de que la sensibilidad artística es intemporal.




«MIRA, PAPÁ, BUEYES»





Sus ojos infantiles acostumbrados a recorrer los bosques, los verdes prados, en ocasiones el azul de mar, parpadearon para adecuarse a la oscuridad.

Como un rumor, mezclado con el viento, la voz de su padre se perdía en el exterior. Su joven corazón latía con fuerza mientras se adentraba en esa extraña cueva que años antes Modesto había descubierto siguiendo el rastro de su perro atrapado.

La luz del día cada vez  adelgazaba más a medida que se introducía en las entrañas de la tierra, de ese lugar llamado Altamira, como si fuera el bocado de un gran monstruo, como una pequeña Jonás.

Entonces, sin saber por qué, se desvió a una oquedad que se abría a su izquierda. Volvió a parpadear rápidamente, pero esta vez de asombro. Al levantar la vista al cielorraso de la cueva una explosión de formas se le vinieron a los ojos. Grandes animales cabeza arriba y cabeza abajo parecían recorrer el techo en una estampida sin final. Apenas se podían vislumbrar, pero se percibían ciertos rastros de color: amarillos, ocres, rojos.

El aire contenido por la emoción y el temor de la niña surgió en forma de fuerte suspiro cuando oyó la voz de Marcelino Sanz de Suntuola, su padre, llamarla:

—María, María… ¿Qué haces? ¿Dónde te has metido?

La niña corrió hacia la salida gritando a los cuatro vientos,  con todas las fuerzas de las que era capaz, aquello que había visto y que se habría de convertir en uno de los hallazgos históricos y artísticos más grandes de la Humanidad.

—Mira, papá, bueyes, hay bueyes…

Artículo y relato Elena Muñoz


domingo, 25 de diciembre de 2016

Entrevista a Papá Noel



Realizada en el Café literario infantil de Covibar el día 23 de diciembre de 2016


ENTREVISTADORA: buenas tardes a todos. Hoy víspera de Nochebuena tenemos el placer, el inmenso placer de contar con la presencia de uno de los personajes más fabulosos de la Navidad. Se trata de Papá Noel, que la noche del 24 de diciembre visitará las casas de los niños y niñas llevándoles los regalos pedidos.
Buenas tardes, papá Noél. ¿Qué tal el viaje desde  Laponia, que es dónde vive?

PAPÁ NOEL: ¡Oh, oh, oh! Estupendo. Allí se ha quedado la mi esposa ultimando con los elfos los regalos, haciendo paquetes y preparando mi trineo. Esta noche volveré y mañana a repartirlos por el mundo.

ENTREVISTADORA: una pregunta que seguramente se hacen los niños y mayores es cómo sabe los qué han sido buenos y cuáles no.

PAPÁ NOÉL: bueno, tengo un telescopio capaz de ver a todos los niños del mundo, además de la ayuda de otros seres mágicos que vigilan el comportamiento de los niños. Así, si un niño se ha comportado mal,  quien lo vendría a visitar será la Carbonilla, un hada que regala carbón.

ENTREVISTADORA: por favor, Papá Noel, explícanos cómo se hace para poder repartir todos los juguetes.

PAPÁ NOEL: primero tenemos un buzón enorme donde están las cartas de todos los niños y niñas del mundo. Los duendes además pasan todo el año visitando las casas para saber cómo son los pequeños y que es lo que quieren. Mientras tanto otros duendes trabajan en  las máquinas de hacer regalos , y con mucha ilusión y mucho cuidado hacen todos y cada uno de los juguetes. Finalmente, otro grupo de duendes con las cartas y con la información que tienen  de los niños y niñas clasifican los juguetes, seleccionando los que correspondían a cada uno de los pequeños. Bueno, algo parecido a la película que acabamos de ver… ¡Oh,oh,oh!!

ENTREVISTADORA: y cuando ya están clasificados se montan en el trineo. Pero parece imposible que tantos juguetes quepan en un solo saco…

PAPÁ NOEL: ¡Oh, oh, oh!!... Es que es un saco mágico en el que van apareciendo todos los juguetes según se van repartiendo a cada niño. También, por supuesto, los regalos para los mayores. Cuando ya he entregado algunos, se vuelve a llenar.

ENTREVISTADORA: y es ahora cuando los animales tan queridos por los niños, que son los renos, empiezan su trabajo…

PAPÁ NOEL: ¡Oh, oh, oh!!...  Sí, mis queridos  nueve renos llamados- voy a leerlo para no olvidarme de ninguno- Donner (Trueno), Blitzen  ( Rayo), Vixen (Bromista), Cupid (Cupido), Comet (Veloz), Dasher (Alegre), Dancer (Bailarín, o Danzarín), i0k Prancer , (Saltarín o Pompón); y mi querido reno con la nariz roja llamado Rudolph (Rodolfo). Son muy fuertes y capaces de recorrer el mundo en una noche…El resto dela año viven tranquilos en Laponia, paseando por los bosques y comiendo rica hierba.

ENTREVISTADORA: creo que una de las preguntas que también se hacen muchas personas es qué tal se lleva con los Tres Reyes Magos.

PAPÁ NOEL: ¡Oh, oh, oh!!...  Fenomenal. Se puede decir que somos compañeros de trabajo, porque al fin y al cabo los cuatro nos dedicamos a la maravillosa tarea de llevar regalos a los niños y las niñas. Ellos al final  de las Navidades y yo al comienzo. Trabajar haciendo felices a la gente me une mucho a Gaspar, Melchor y Baltasar.

ENTREVISTADORA: para terminar, ¿querría decir algo más?

PAPÁ NOEL: pues sí. Me gustará dar la vuelta a la situación y leer una carta que escrito a los niños y las niñas para esta ocasión.
            Queridos niños y niñas.
            Dentro de unas horas visitaré los hogares de aquellos que me han escrito una carta e intentaré llevar aquello que me habéis pedido.
            Sé que os hacen mucha ilusión los juguetes y que estáis deseando que llegue el día de Navidad para abrir los paquetes.
            Pero lo que quiero deciros es que la felicidad no se halla envuelta en papel de regalo. La felicidad nos la trae el ser buenos, el querer a los padres, a los abuelos, a los amigos.
También debemos de  acordarnos de los niños y las niñas a quienes intento también llegar, pero que necesitan de ayuda todos los días y no solo una noche.para ellos el mejor regalo se llama SOLIDARIDAD.
Aprovechad lo que los profesores os enseñan. Sé, porque soy Papá Noel, que no hay mejor regalo que el aprender para que cuando seáis mayores podáis ser vosotros los maestros.
Sed buenos siempre…En un buen corazón siempre es Navidad. Oh, Oh, oh…


viernes, 16 de diciembre de 2016

Leer un cuadro: El juicio universal de Miguel Ángel

Veinticinco años después de acometer su obra pictórica más universal, la bóveda de la capilla Sixtina,  Miguel Ángel Buonarotti, uno de los artistas más reconocido de la Historia del arte, lleva a cabo, bajo el papado de Pablo III, el fresco que cierra el altar de dicha capilla.Estamos ante un fresco de 13,70m x12,20m y que representa el Fin de los días, la venida de Cristo para juzgar a los vivos y a los muertos.

Inspirada en las fuentes literarias del Apocalipsis de San Juan, La divina comedia de Dante y las visiones del profeta Ezequiel, el pintor florentino nos presenta la figura de un Hijo del hombre terrible, iracundo, que desde las alturas hace temblar dentro de la más pura "terribilitá" michelangelesca: un juez implacable. Para su realización tuvieron que desaparecer unos frescos de Peruggino.

La magnífica habilidad escultórica de Miguel Ángel se traslada al pincel, que parece más esculpir que pintar esas más de cuatrocientas figuras colosales que rodean el tema central de la composición. Esta está formada por Jesucristo en toda su grandeza. Junto a él su madre, María, que parece apartar el rostro para no ver la cólera de su divino hijo. A sus pies dos mártires: Lorenzo, portando las parrillas de su martirio,  y Bartolomé, del  que pende una piel en la que el pintor se autorretrató. Sobre ellos los ángeles portando los símbolos de la pasión. Bajo ellos los ángeles trompeteros despertándo a los muertos. Alrededor santos, mártires, justos y pecadores en un vórtice de ascenso a la Gloria o de descenso a los Infiernos.Las figuras se retuercen en escorzos que son precursores del manierismo y el barroco. Se crea así una sensación de movimiento increíble en una composición con absolutamente falta de perspectiva, unida a la potencia del dibujo y del color, que eleva la emoción hasta alturas insospechadas.

En la parte inferior se sitúa la zona terrenal, en la que podemos observar la resurreción de los muertos (a la izquierda) y la entrada al Hades, cuya puerta vigila Minos, que muestra el rostro de Baggio di Cessana, maestro de ceremonias. Este retrato fue en su momento una venganza del pintor hacia este personaje de la corte papal que le reprochó su falta de decoro al pintar tanta figura desnuda. Cuentan que cuando Di Cessana le rogo al papa que le obligara a Miguel Ángel a modificar ese rostro, Pablo III contestó: "lo siento, hijo mío, si fuera del Purgatorio te podría sacar el papa, perodel Infierno no te saca nadie".

Pero estas quejas de falta de decencia no cayeron en saco roto. En 1564 se encarga a Volterra que cubra las partes obscenas de las figuras. Esto le acarreó al artista el sobrenombre de "bragettone". En 1994 terminaría la restauración volviéndolo a su estado original.

Miguel Ángel siempre se tuvo por un escultor, no por un pintor. Sin embargo en este espacio vaticano quedaron para el disfrute de los amantes del arte dos de sus obras más maravillosas

EL JUEZ IMPLACABLE



Me miras a mí, Cristo iracundo, con el brazo elevado en la justicia de aquel que viene a juzgar no desde la piedad, sino de la venganza contra quienes no supieron o no quisieron seguirte.

Tiembla mi pluma al describir el día en que sea tu venida. Como un rayo entre las nubes te veo, igual que un dios de aquellos pintados en frisos paganos. Tu madre a tu lado te implora, quizá, piedad para los impíos.

Mis oídos se ensordecen por el clamor de las trompetas, por la oración de los bienaventurados, por el llanto de aquellos condenados al Averno.

Veo el fin de los tiempos, veo el fin de los hombres. Mis ojos se arrasan con las lágrimas  acumuladas tras tanto tiempo de tu ausencia y porque te veo ahora tan lejos, tan terrible.

A pesar de mi ánimo convulso sigo escribiendo: “Vi un trono espléndido muy grande y al que se sentaba en él. Su aspecto hizo desaparecer el cielo y la tierra sin dejar huellas. Los muertos, grandes y chicos, estaban al pie del trono (…)” (Ap. 20, 11-14).

Tú vuelves a mí, visión terrible,  inmisericorde, abriendo el Libro de la Vida en la que están escritas todas las historias.

A ti, que me llamaste hermano, a ti,  que me encomendaste a tu madre al pie de tu muerte, ruego que cuando llegue ese día que ahora se me aparece, me lleves a tu lado, al de los justos,  llamándome por mi nombre: Juan, conocido como el evangelista.

Artículo y relato: Elena Muñoz