jueves, 10 de noviembre de 2016

Leer un cuadro: El columpio de J.H. Fragonard

Cuando Fragonard, entonces un niño de seis años, llega a París, la Ciudad de la luz se está convirtiendo en el centro del universo social y artístico del mundo, en detrimento de Roma, que lo ha ostentado en el siglo anterior.

Nuestro pintor estudiará allí con dos grandes maestros: Boucher y Chardin, y alcanzará su madurez en un periodo artístico, el Rococó, conocido por su caracter lúdico, brillante, frívolo y sensual en contraposición al Barroco. Es un arte mundano, sin influencias religiosas y muy relacionado con la decoración de muebles, tejidos, adornos.

Desde el punto de vista artístico supone asumir el concepto enunciado por el filósofo alemán Alexander Baumarten de "el arte por el arte", sin ningún pronunciamiento moral. No hay más objetivo que el de la estimulación de los sentidos.

No solo en el arte sino también en la literatura se relaciona este estilo con lo libertino y con el hedonismo que tiene su pistoletazo de salida en la novela de Choderlos de Lanclos Las amistades peligrosas. Asimismo, al hablar de estos temas se nos vienen a la cabeza dos personajes de este siglo XVIII: Giacomo Casanova y el marqués de Sade, representantes genuinos del libertinismo, cuyo lema sería la no demostración de un amor sincero y,  simplemente,  la búsqueda del placer.

El cuadro que hoy comentamos pertenece al la Colección Wallace de Londres. Es de pequeño formato, de los denominados cuadros de gabinete, realizado con la técnica del óleo sobre tabla. Se puede decir que es uno de los símbolos de la época por su sensualidad.

La escena, dentro de una perspectiva muy acotada, nos presenta tres presonajes: una joven que en un columpio centra la atención, recalcada por el foco de luz que viene de la izquierda. Tras ella, en la penumbra, un anciano tira de las cuerdas para mover el útil del juego. Escondido tras la floresta un joven observa lo que las faldas acampanada de la muchacha enseña.

Lo que el pintor nos está mostrando es la fábula, la metáfora de un adulterio.Severamente criticado por las clases populares, el engaño en el matrimonio era, sin embargo, algo aceptado por las clases altas, ya que la uniones conyugales que producían generalmente por interés. Una vez asegurada la descendencia cada uno de los esposos  podían hacer de su capa un sayo, siempre con discrección.

Se puede decir, por tanto, que este pequeño cuadro refleja las costumbres libertinas de una clase social que poco sospechaba su sangrienta caida treinta años después, el 14 de julio de 1789, tras la toma de la Bastilla.



EL COLUMPIO

Damas y caballeros que mis palabras leéis
aprended qué es lo que pasa
a aquellos que no el amor
y sólo el dinero casa.

Vuela el lindo zapatito
vuela el columpio hacia el cielo,
entre  la verde árboleda
vuela el deseo ligero.

Ojos pícaros que observan
ocultos entre las flores
lo que esconden las enaguas
del amor de sus amores.

Más trabajando afanoso
para que el columpio suba
el esposo tira y tira,
ajeno a su desventura.

Pues él procura el sustento,
prestigio, honor y la fama
a su esposa, mientras esta
se mete en ajena cama.

Este cuadro hace veraz
ese refrán tan temido:
“el último en enterarse
suele ser siempre el marido”.

Elena Muñoz


miércoles, 2 de noviembre de 2016

Cinco años tomando Café... Literario

Decimos siempre que no son buenos tiempos para a cultura. Por eso el que un evento como el Café literario de Covibar, que viene celebrándose en el municipio madrieño de Rivas Vaciamadrid los últimos viernes de cada mes,  haya cumplido un lustro de vida es para felicitarnos.

Nacido en 2011 con el fin de convertirse en un lugar de encuentro literario, ha ido evolucionando a lo largo de estos años hasta llegar a ser, en palabras de sus fieles seguidores, un cabaret cultural, dedicado a la divulgación y al encuentro de las artes.

Por eso, el pasado día 28 de octubre se dieron cita no solo la literatura en las voces de Antonio Daganzo (orgulloso Premio de la crítica de Madrid de Poesía), Emilio González Martínez, María Iglesias, Margarita Mayordomo, Alberto Ávila, Ana María Reyes  y Ricardo Virtanen, sino también el dúo musical Exit y el grupo teatral Unicornio.Se pudo igualmentedisfrutar de los diseños de Lady Elisabeth.

La presentación corrió a cargo de Elena Muñoz  y Fernando López, en colaboración con Manuel Hernández.

El numeroso público pudo reír , llorar y emocionarse con un elenco de artistas y escritores que hicieron de esta noche cultural un gran éxito.










jueves, 20 de octubre de 2016

Cine: Un monstruo viene a verme



Desde que pudimos encontrarnos con Juan Antonio Bayona en El orfanato o en la epopeya infantil que supone Lo imposible,  la infancia como protagonista parece una constante en este joven director.

En Un  monstruo viene a verme de nuevo nos presenta la historia de un niño que ha de afrontar sus miedos de preadolescente ante la situación vital más dramática que se le puede presentar a  un ser humano en su crecimiento: la grave enfermedad de una madre.

Basada en una novela del escritor Patrick Ness  (A monster call's) Bayona nos traslada a un periplo entre la realidad y la fantasía en el que el protagonista, rodeado de crueldad e indiferencia, debe llegar a encontrar el sentido de su propia situación. Pero no lo hará solo, sino de la mano de su  maestro yedai, un milenario árbol,  que irá cobrando vida durante varias noches y que a través de sus historias nos llevará al desenlace.

Bajo nuestro punto de vista la película tiene unos claros ecos dickensianos, tanto de Oliver Twist niño maltratado, despreciado e incomprendido),  como de Cuento de Navidad, incluso en el uso del número tres (tres historias, tres noches).

La narración es correcta, alternando entre el proceso vital  de Connor, el niño,  y las historias ejemplarizantes del monstruo. Los efectos especiales, en un ambiente  gótico, son de una estética impecable, de gran belleza. El monstruo, en otra reminiscencia evocadora de relatos inspiradores,  recuerda  a un ent de la saga de El señor de los anillos, incluso en el doblaje, perdiendo en castellano la voz original del actor Liam Neeson.

Dicho todo lo anterior, la sensación al terminar la proyección es que algo le falta o tal vez le sobra. Los recursos dramáticos son absolutamente previsibles y fáciles. El niño protagonista, Lewis MacDougall está alguna veces sobreactuado (vaya por delante la dificultad de trabajar con niños); la resolución de los conflictos demasiado rápidos y as situaciones dramáticas muy fáciles: quién se resiste a situaciones de maltrato de un niño o de enfermedad de una madre. Es una pena que no se saque más partido de la magnífica actriz que es Sigourney Weaver. Solo el final lo separa de una película que sería adecuada a un público mayoritariamente infantil .

En definitiva, una película entretenida, no mucho más, para una tarde lluviosa de otoño.



jueves, 6 de octubre de 2016

Leer un cuadro: La Gioconda y el misterio de una sonrisa

Quien se sitúa frente al cuadro de La Gioconda, en el museo francés del Louvre no puede reprimir la pregunta de cómo una obra de dimensiones tan pequeñas puede haberse convertido en un gigante de la historia del Arte occidental. Basta un simple vistazo para comprenderlo.

Porque este retrato pintado al óleo sobre una tabla de álamo representa el icono femenino más conocido en este lado del orbe. Su autor, Leonardo Da Vinci , es el paradigma del hombre del Renacimiento, época en el que la ciencia y la cultura determinaron bajar los ojos del cielo para pararse a meditar sobre el ser supremo de la creación. Este pintor, ingeniero, arquitecto nacido en el pueblo del que toma su apellido poco podría imaginar la fama que alcanzaría el retrato de una dama florentina sobre la que todavía se discute a quién representa.

A pesar de que toma el nombre de Gioconda o Mona Lisa refiriéndose a Lisa Gherardini, esposada con Francesco del Giocondo cuando es abandonada por el hijo pequeño de Lorenzo de Medicis, hay quien especula que el retrato es una versión femenina del propio pintor. Otros se conforman con señalar que Leonardo quiso hacer un homenaje a su madre Caterina, dada su condición de hijo ilégitimo.

Sea lo que fuere Da VInci reprodujo el rostro femenino de una dama florentina en el que la mirada y la curva de su boca no pueden dejar de cautivar al espectador. Unos ojos que, aunque desprovistos de cejas y de pestañas- tal vez por una mala restauración o por seguir la moda florentina del momento- parecen acompañar el movimiento de aquel que la contempla.

¡Qué decir de la sonrisa! La más famosa, podemos decir, de todos los tiempos. Una sonrisa enigmática, atractiva y que encierra distintas emociones, conseguida por el uso de una técnica en la que Leonardo era un maestro: el sfumatto. Difumina los bordes, fundiéndolos con el fondo de tal manera que quedan las figuras rodeadas de una atmósfera envolvente que pronuncia la tres dimensiones.

La perspectiva, la composición dotan a  todo el cuadro de una gran serenidad que no logra ocultar la vida latente que el autor guardó en ella. Leonardo Da Vinci en estado puro.

La Gioconda acompañó a su autor en los años finales de su vida, sin que lo diera por acabado.  A su muerte pasó a la posesión del rey de Francia  Francisco I y permanece en el país galo hasta el día de hoy, aún sufriendo varios avatares- robo, vandalismo-. Es patrimonio artístico de la humanidad.


Para terminar una cita del propio Leonardo en la que podemos encontrarle:

"El pintor es el dueño de todas las cosas que el hombre puede pensar... Lo que en el universo existe por esencia, presencia o imaginación, él lo tiene antes en su mente y en sus manos luego".


¿Miras? ¿Sonries?


Desde tu pequeña ventana de marco dorado contemplas los ojos de admiración de quienes intentan comprender más allá de lo que es una obra de Arte. Miradas que siguen tu mirada, en esa empatía visual que en pocas ocasiones se puede conseguir si no nace de los pinceles de un genio.

Dime, Lisa,  cómo era Leonardo, cómo era ese genio capaz de imaginar el vuelo del hombre-pájaro o de buscar en el corazón diseccionado el origen de la vida. Dime, Lisa, sobre qué hablaba contigo cuando su mano volaba sobre el boceto de lo que sería tu imagen para siempre plasmada en su obra perfectamente inacabada.

Seguro que nunca te imaginó en tu jaula traslúcida desde la que me sonríes. La sonrisa más famosa y misteriosa. La sonrisa de la Mona Lisa.

Dime, Lisa, cómo era Leonardo. Cómo era ese hombre que no se conformó con una vida y quiso vivir ciento.

Desde esa pequeña ventana pervives, dotada del mayor de los dones: la vida eterna.

¿Miras, sonríes? Yo también. 

Artículo y relato Elena Muñoz.










miércoles, 21 de septiembre de 2016

El Bosco: el pintor de los placeres y el Infierno

Descubrir a Jheronimus van Aken, pintor más conocido como El Bosco, a estas alturas es como descubrir que el sol sale por el este. No cabe duda de que es uno de los artistas más universales y que más han concitado -y concita- el interés de especialistas y público en general. No hay más que ver las largas colas que se han ido formando a lo largo del tiempo en que lleva abierta la exposición conmemorativa de su V centenario y que tiene como marco el madrileño museo de El Prado. La clausura, prorrogada quince días, se llevará a cabo el próximo día 25 de septiembre.

Para los que hemos sido y somos asiduos de este museo algunas de las obras expuestas son sobradamente conocidas, ya que forman parte de la colección permanente de la pinacoteca. Hablo de La mesa de los pecados capitales, El carro del heno, La extracción de la piedra de la locura, varias versiones de Las tentaciones de San Antonio Abad o la estrella de la corona, el archifamoso Jardín de las delicias. Otras provienen de países, de museos o colecciones que han cedido las obras para deleite nuestro.

Más allá de comentar desde el punto de vista artístico cada obra, su composición o su significado- existen miles de tratados que lo hacen mejor yo-, quiero dedicar este artículo a intentar transmitir las sensaciones, las emociones que mi visita a la muestra ha suspuesto.

Desde hace tiempo intento despojarme del barniz de licenciada en arte cuando contemplo una obra para intentar situarme ante ella simplemente como espectadora y dejarme llevar. He de reconocer que en un evento de esta magnitud es complicado, ya que el público en ocasiones situado frente a la obra distorsiona la percepción y es difícil conseguir la abstracción necesaria para conectar con la obra de arte y escuchar lo que nos cuenta, evitando ser nosotros los que hablemos de ella.

Durante una hora y media me vi inmersa en el mundo de los placeres, terrenales y divinos que el pintor flamenco reproduce en sus obras, dejando muy claro que ambos son excluyentes. Porque por muy deliciosa que sea la vida terrenal- la tabla central de El jardín de las delicias así nos lo muestra- terminaremos siendo condenados a ese Infierno que tan magistralmente reproduce, lleno de seres cuya fisonomía, no cabe duda, ha inspirado la iconografía maligna siglos después.

Toda la obra de El Bosco es una denuncia del pecado y de sus consecuencias. Un catálogo de las debilidades humanas, de la estupidez, de la necedad, de la locura, cuya única redención es Cristo. Pero, paradójicamente, en la retina queda impreso la mágnifica iconografía de lo prohibido, mientras de la sencilla placidez de la Redención se diluye en la pacífica pradera del Edén.

No hay más alternativa para el pintor que la condena o la salvación. Sirva como muestra la obra que aquí os dejo: Visiones del más allá, cuatro tablas que se conservan en la Galleria dell'Academia de Venecia, y que con una clara reminiscencia dantesca nos muestra esta dicotomía.

Luz, oscuridad; ángeles o demonios; pecado o redención: paradigmas que rodean la obra de El Bosco y que captan y te atrapan entre el Cielo y el Infierno.



Elena Muñoz






lunes, 12 de septiembre de 2016

El vértigo del relato con Fernando López Guisado: Montaña rusa

El próximo viernes 16 de septiembre tendrá lugar la presentación del libro de relatos Montaña rusa, primera incursión narrativa  en solitario del escritor Fernando López Guisado, cuya poesía es una de las más atractivas del actual panorama literario. El evento tendrá lugar en el Centro riojano, en Madrid.

Editado bajo el signo de Vitruvio, editorial que también ha publicado sus dos anteriores poemarios: La letra perdida y Rocío para Drácula, Montaña rusa es un recopilatorio de relatos en la línea de inquietante terror y suspense del que López Guisado gusta mucho y del que ya se conocen ejemplos en otras antologías.

Presidente de la Asociación Letras Vivas, miembro de diversas asociaciones literarias y fundador de la plataforma literaria La hermandad de Poe, este técnico en radiodiagnóstico es además un gran impulsor cultural.

Para saber un poco más de su obra le hemos pedido que nos conteste a estas preguntas.

Montaña rusa es tu primera incursión en solitario en la narrativa. ¿Cómo surge la idea de este libro?

Relatos míos llevan apareciendo un tiempo en diversas publicaciones corales y revistas. Fue iniciativa de mi editor, al comprobar su popularidad y las buenas críticas que recibían, el que conglomerase este proyecto que supone un salto a la narrativa.

¿Son relatos independientes o has seguido una línea argumental?

Uno de los relatos que ya habían salido al exterior se titulaba así: Montaña rusa. Como todos tienen interrelaciones muy sutiles y concordancias (recurrencias en villancicos, fechas señaladas, elementos argumentales o formales) decidí que el libro estableciera una suerte de correlato general con un hilo prácticamente invisible que provocase en el lector la sensación de estar subido en una atracción trepidante, con sus ascensos y descensos, por lo general centrándose en el estilo, la extensión y el impacto de las tramas. Cada relato es totalmente independiente, pero cada uno a su modo aporta un giro distinto, una meseta, una bajada suave o una defenestración inesperada. Uno de los ejemplos es la alternancia entre relatos crudos o sucios con otros de extremado lirismo, casi poemas en prosa, así como la de piezas extensas que apuntaban a una nouvelle con microrrelatos que apenas pasan de una sola página para que el lector pueda elegir su dosis según el tiempo del que disponga en cada momento.

¿Crees que estos relatos pueden aportar algo diferente al panorama literario? ¿Hay en ellos influencia de tus referentes literarios en este género?

Uno siempre desea aportar pero eso no lo decidimos nosotros y nos marcharemos sin realmente saber si lo hemos conseguido. No obstante, quiero aportar mi sutil grano de arena a la dignificación de un género, utilizando elementos del mismo para hablar, en realidad, de una emoción y sus consecuencias: aislamiento, angustia, hipocondria, crueldad laboral, maltrato conyugal. Los cuentos que salen están llenos de elementos sobrenaturales, que se utilizan como elemento de contrapunto para las verdaderas monstruosidades humanas. Mis monstruos tienen mucho miedo de lo que podemos llegar a hacer o sufrir sin que nadie nos obligue. En cuanto a las influencias, no podemos matar al padre sino honrarlo. Si tuviera que elegir un título para ellas sería el de dos series de televisión: "Alfred Hitchkok presenta" y "La Dimensión Desconocida". Es tratar de llevar a cabo ideas locas y contradictorias como emulsionar en el mismo relato un cuento de fantasmas con un estilo puramente realista como el Carver.

¿Además de las obvias, qué diferencias has encontrado como escritor al enfrentarte al relato o a la poesía?

La poesía es la vehiculización de un sentimiento puro que no necesita de una tramoya argumental. No obstante, no soy un gran creyente de las diferencias entre los géneros. Hay poemas dentro de uno de los relatos de Montaña Rusa, como Vacas; o ejercicios de terror profundamente líricos como PariZ o Reflejo de Loreley. El relato, no obstante, me da una autopista vacía para la creación de mi ficción estable e imaginativa. Para digerir, como hacían los chamanes, un concepto o situación y presentarlo al mundo con mi perspectiva creando una historia. No soy bueno comunicándome a no ser que esté contando algo que me apasione y me invente a su vez. Además, a la poesía siempre, aunque satírica, le han colgado una etiqueta de solemnidad de cara al exterior. Aunque no sea cierto no se puede luchar contra los elementos, por tanto el relato me da pie para algo que la lírica musical y pura no me permite: convertirme en un absoluto gamberro sinvergüenza. Retratar amigos y cambiarles la personalidad, satirizar situaciones terribles, meterme en un laboratorio donde cada serpentín y matraz obedecen a destilar un sólo elemento, la imaginación que todo lo cubre.

¿Por qué leer Montaña rusa?

Porque hay relatos para todos los gustos, edades y momentos, con diferentes extensiones, cubren todos los estilos que me han salido desde el líricamente solemne al bronco vulgar, hablan de cosas humanas desde una perspectiva del monstruo sobrenatural y, en definitiva, creo que el resultado es, sobre todo y por lo que me ha llegado a los oídos, profundamente divertido. Por lo menos yo me lo he pasado bomba escribiendo su interior. Ah, y el libro no sale caro. Dos copas en un bar de medio pelo que luego meas a las dos horas. Con este tomo siempre puedes idear algo para usarlo de otra manera que no sea leer si no te gusta. 

miércoles, 31 de agosto de 2016

El primer asesinato de Jack El destripador

Tal día como hoy en 1888 el primer asesino en serie reconocido por la historia se cobraba su primera víctima a la que siguieron otras cuatro. Dichos asesinatos sucedieron en el barrio londinense de Whitechapel, que a la sazón nutría a más 1200 prostitutas y 62 burdeles.


El cadáver de la primera víctima canónica, Mary Ann Nichols, de Jack el Destripador fue encontrada en la calle Buck's Row —actual calle Durward—, Whitechapel, en la madrugada del viernes 31 de agosto de 1888. Tenía dos cortes en la garganta, y su abdomen estaba parcialmente desgarrado por una herida en forma irregular hecha con algún cuchillo, además de que presentaba muchas otras incisiones en esa misma parte de su cuerpo.

Cerca de las 23 del 30 de agosto de 1888 fue vista caminando por la calle. A las 12.30 de la madrugada del día entrante se la vio salir de un  llamado “The Frying Pan” (en español: “La sartén”). Esta curiosidad conllevó a que con fina ironía (considerando el trágico final que padecería la mujer poco rato más tarde) el escritor  Alan Moore apuntase: “realmente salió de la sartén (The Frying Pan) para caer en las brasas”.

Una hora más tarde, sobre las 2:30, Mary dejó la casa de alojamiento en Thrawl Street ya que carecía de 4 peniques para una cama, lo que implica por sus últimas palabras que se ganaría el dinero en la calle con la ayuda de un nuevo y bonito sombrero que esa noche estrenaba.

Fue vista por última vez en la esquina de la calle Osborn y Whitechapel Road a las 2:30 de la madrugada del 31 de agosto de dicho año, una hora antes de su muerte, por su amiga Emily Holland. Aproximadamente a las 3.45 fue encontrada muerta por el policía John Neil, mientras cumplía su patrullaje de rutina.

En realidad, el cadáver fue descubierto por primera vez unos minutos antes de la señalada hora, por el carretero Charles Cross quien, junto a un compañero de tareas del mercado de Spitalfields llamado Robert Paul, corrió en busca de un agente para dar aviso sobre el macabro hallazgo.

Nadie, absolutamente, oyó ni vió nada. Nacía la leyenda de Jack el destripador.