miércoles, 24 de agosto de 2016

La destrucción de Pompeya



Tal día como hoy 24 de agosto la ciudad de Pompeya amaneció bajo el sol del verano. Corría el año 79 d.C.Tendida en las faldas del volcán Vesubio, la campiña sureña lucía el verdor de los pinos, de las viñas y la belleza de las flores silvestres.

Pero la tranquilidad duraría poco. A la una de la tarde, mientras que la ciudad continuaba con la rutina del día en la que los niños aprendían a escribir en las escuelas, los panaderos cocían en sus hornos el pan, los esclavos se apresuraban a servir el almuerzo a sus señores, un violento temblor sacudió la ciudad hasta los cimientos.El sol se ocultó y una lluvia de cenizas, piedras y humo cubrió las calles y los edificios.

En medio de una absoluta confusión se intentaba entender que estaba ocurriendo para que su montaña sagrada, hasta ese momento "dormida" y legendaria residencia del dios Baco, se hubiera convertido ese apacible día de agosto en el mismo averno.

Algunos consiguieron huir sin mirar atrás. Pero otros,  por poner a salvo sus bienes o porque ni siquiera tuvieron tiempo de reaccionar, fueron sepultados por las toneladas de cenizas y piedras que sin cesar caían sobre la asolada ciudad. El mar hervía y lanzaba peces muertos a la orilla.

Los estragos ocasionados fueron visibles al tercer día, cuando los primeros y tenues rayos solares  atravesaron la masa de nubes negras. Después de veintiocho horas de erupción, el Vesubio se apaciguó, como un dios ahíto de sacrificios humanos, dejando a Pompeya sepultada bajo una capa de cenizas y "lapilli" de seis metros de espesor, junto con sus habitantes, cuyos cuerpos se convirtieron también en esculturas fúnebres de piedra volcánica y mudos testigos de esta tragedia.

Artículo. Elena Muñoz
Los estragos ocasionados fueron visibles al tercer día, cuando los primeros y pálidos rayos solares comenzaron a rasgar la masa interpuestas en nubes negras. Después de veintiocho horas de erupción, el Vesubio se calmó, dejando a Pompeya sepultada bajo una capa de cenizas y "lapilli" de seis metros de espesor. Herculano, según ya se dijo, yacía oculta en una capa de lava de quince metros de altura, que paulatinamente se endureció, adquiriendo la consistencia de la piedra.

Más información: http://www.historiayarqueologia.com/profiles/blogs/pompeya-y-herculano
Publicado por Historia y Arqueología® en www.historiayarqueologia.com
Los estragos ocasionados fueron visibles al tercer día, cuando los primeros y pálidos rayos solares comenzaron a rasgar la masa interpuestas en nubes negras. Después de veintiocho horas de erupción, el Vesubio se calmó, dejando a Pompeya sepultada bajo una capa de cenizas y "lapilli" de seis metros de espesor. Herculano, según ya se dijo, yacía oculta en una capa de lava de quince metros de altura, que paulatinamente se endureció, adquiriendo la consistencia de la piedra.

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Los estragos ocasionados fueron visibles al tercer día, cuando los primeros y pálidos rayos solares comenzaron a rasgar la masa interpuestas en nubes negras. Después de veintiocho horas de erupción, el Vesubio se calmó, dejando a Pompeya sepultada bajo una capa de cenizas y "lapilli" de seis metros de espesor. Herculano, según ya se dijo, yacía oculta en una capa de lava de quince metros de altura, que paulatinamente se endureció, adquiriendo la consistencia de la piedra.

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los panaderos cocían sus panes; los tenderos cerraban sus persianas de madera para almorzar, según la costumbre romana; en el templo de Augusto sudaban los esclavos, que levantaban la estatua del nuevo emperador Tito; un parroquiano de una taberna ponía su dinero sobre el mostrador y los chiquillos de las escuelas pintarrajeaban con tiza sobre las paredes; el inteligente Publius Paquius Proculus estudiaba tranquilamente en un libro de pergaminos, y unas mozas regresaban de la fuente con sus cántaros altos y angostos en los hombros...

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los panaderos cocían sus panes; los tenderos cerraban sus persianas de madera para almorzar, según la costumbre romana; en el templo de Augusto sudaban los esclavos, que levantaban la estatua del nuevo emperador Tito; un parroquiano de una taberna ponía su dinero sobre el mostrador y los chiquillos de las escuelas pintarrajeaban con tiza sobre las paredes; el inteligente Publius Paquius Proculus estudiaba tranquilamente en un libro de pergaminos, y unas mozas regresaban de la fuente con sus cántaros altos y angostos en los hombros...

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jueves, 18 de agosto de 2016

Ochenta años sin Lorca


Hoy, 18 de agosto de 2016 se cumplen ochenta años de la ejecución de uno de los escritores más paradigmáticos de la literatura en habla hispana: Federico García Lorca.
Para muchos amantes de la poesía, del teatro, García Lorca es un mártir laico que murió de una manera injusta y, por qué no decirlo, absurda, por su condición de homosexual, algo que en la España de 1936 era un estigma imperdonable.
Nadie, a estas alturas, puede negar la absoluta pérdida que supuso para las letras españolas, más allá de la que siempre es la de la vida humana, la desaparición de García Lorca.
Él nunca creyó estar en riesgo, a pesar de los turbulentos días que vivia España en 1936, y que desembocarían en la Guerra Civil tras el levantamiento militar.
Aunque al escritor ofrecieron exiliarse tanto a Colombia como a México, ya que se temía un  atentado por su trabajo como funcionario de la República, Lorca no dio pábulo a esos rumores. El 14 de julio, dos días antes de que estallara la sublevación, llegó a la Huerta de San Vicente a visitar a su familia.
Fue arrestado el 16 de agosto y fusilado, como antes hemos apuntado, en la madrugada del 18 en el camino de Viznar a Alfacar.
Federico García Lorca nunca discriminó a amigo o enemigo por sus creencias ni religiosas ni políticas. Se sentía profundamente español, pero, sobre todo, hombre del mundo y hermano de todos.

"Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más, yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista, abstracta, por el sólo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula, pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos. Desde luego no creo en la frontera política". (1)

Queden las palabras de otro gran poeta, Antonio Machado,  a través de un fragmento de su  poema " El crimen fue en Granada",como homenaje:

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
… Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.
- See more at: http://trianarts.com/antonio-machado-el-crimen-fue-en-granada-a-federico-garcia-lorca/#sthash.xM68WrnY.dpufEL CRIMEN FUE EN GRANADA
Se le vio, caminando entre fusiles
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle a la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—.
... Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, ¡en su Granada!...



Artículo: Elena Muñoz



(1) Salvador Rodríguez, «La última entrevista a García Lorca», laopinioncoruna.es, 3 de enero de 2010.

martes, 12 de julio de 2016

Reseñas para tardes de verano II: Vientos del pasado: el secreto tras el cuadro de Elena Muñoz

 Reseña del poeta y crítico Francisco Castañón que se publicó en el blog del escritor 
escritoadrede.blogspot.com
Una nueva novela de Elena Muñoz entra en el panorama literario por derecho propio. Vientos del pasado. El secreto tras el cuadro es el título del libro con el que Muñoz, escritora, bloguera, articulista, poeta y, más que gestora, diría agitadora cultural, da continuidad a su trayectoria narrativa, iniciada en 2013 con la publicación de su opera prima Como el viento en la espalda.
Vientos del pasado es una novela de intriga y de intrigas, elaborada a partir de un episodio histórico en el que aparecen personajes fundamentales de la segunda mitad del siglo XVIII y primera del XIX, así como personajes de nuestro tiempo creados por la autora.
De esta forma, Elena Muñoz establece la acción de su novela en dos períodos temporales distintos que transcurren en paralelo a lo largo de la primera parte de la novela. Una primera parte en la que se introduce sin ambages al lector en la trama desarrollada por la escritora, a partir de un suceso que aún se mantiene en la penumbra de la historia. Un turbio asunto relacionado con una de las etapas más desafortunadas de la monarquía española, en el que Muñoz ha fijado su aguda mirada para ubicarlo como epicentro de su novela. Las consecuencias de dicho asunto se extienden en la ficción trazada por la autora hasta la actualidad.
En este sentido, la acción de la segunda parte de la novela tan solo se desenvuelve, a diferencia de la primera mitad de la obra, en el presente y enlazando, a su vez, con personajes y situaciones planteadas ya en la anterior novela de Muñoz Como el viento en la espalda. Aunque no es imprescindible conocer de antemano esa primera obra de la escritora, para sumergirnos de lleno en la trama de Vientos del pasado.
En efecto, el personaje principal, la protagonista del relato, Marta Nogales, que comenzó su andadura en Como el viento en la espalda, retoma ahora su itinerario para desentrañar otro enigma, otro “rompecabezas”. En esta novela aparecen elementos que ya se apuntaban en su primera obra y que, como telón de fondo del hilo narrativo, vuelven a estar presentes: la historia del arte, la transgresora visión del mundo que nos ofrece el artista, la relación hombre-mujer, el tema del amor, la sensualidad o el erotismo, la figura del padre,… Pero a pesar de que para entender la narrativa de Elena Muñoz no debamos perder de vista aquella novela, aquí estamos ante una historia totalmente nueva, ante una aventura diferente desde el principio hasta el final, en torno a un misterio que debe ser desvelado.
Unas joyas desaparecidas, el robo de un cuadro supuestamente pintado por Goya, una enigmática carta, el contenido de una pequeña bolsa de terciopelo negro, un asesinato sin resolver, la sombra de la masonería,…y un final inesperado, ponen los elementos que mantienen el suspense y el interés de los lectores hasta la resolución de la trama.
Vientos del pasado. El secreto tras el cuadro no es una novela histórica, aunque el punto de partida lo encontramos en unos hechos históricos que fueron decisivos para España y marcaron el fin de la Ilustración y, seguramente, el destino de nuestro siglo XIX. Elena Muñoz hace lo que tiene que hacer un escritor, una escritora en este caso, contar bien una historia. Con rigor histórico sí, pero separando la función de la novela, desarrollar un relato que tenga interés para los lectores, y la de la historiografía.
Para ello escoge un personaje que no tiene actividad en la novela, pero sobre el que pivota toda la historia, Manuel Godoy. Un personaje del que es difícil separar su condición de amante de la reina Maria Luisa de Parma, esposa de Carlos IV. Como sucede con la mayoría de personajes del siglo XVIII, un siglo y un tiempo trascendental en muchos aspectos, seguramente aún queda mucho por conocer sobre su figura. Godoy está en la novela, como personaje esencial de la trama y a través de sus Memorias en la primera parte del libro.
Godoy ha sido uno de los hombres que más poder ha atesorado a lo largo de nuestra historia. Tras la caída en desgracia de Floridablanca y el conde de Aranda, cuando resonaban con fuerza los ecos de la Revolución Francesa, Godoy fue elevado a las más altas instancias del Estado. Siempre se ha achacado dicho ascenso a sus historias de alcoba con la reina. Si bien está posición privilegiada le favorecería en muchos momentos, no parece que toda su carrera política pueda reducirse solo a esa circunstancia. Godoy también fue un avispado político que algunos historiadores han calificado como el primer dictador de nuestro tiempo. En su persona se unieron relevantes responsabilidades de gobierno e innumerables títulos, entre los que destacan el de Príncipe de la Paz, el de Gran Almirante, con tratamiento de Alteza Serenísima, el de presidente del Consejo de Estado y, posiblemente el más sorprendente, el de Generalísimo, título nunca otorgado en España hasta ese momento.
Otro personaje histórico con peso específico en la novela es Josefa Petra Francisca de Paula de Tudó y Catalán, Alemany y Luesia, princesa de Bassano, duquesa de Alcudia y de Sueca, grande de España por su matrimonio con Manuel Godoy y primera condesa de Castillo Fiel. Pepita Tudó o Josefina Tudó, o sea, cuya fama se debe a la polémica relación que mantuvo con el citado político Manuel Godoy, casado con la prima del rey María Teresa de Borbón, que finalmente se convertiría en su marido.
Doña Pepita Tudó es, junto a Marta Nogales, la coprotagonista de esta novela. Por lo menos en la primera parte de la obra. Una mujer que esconde un gran secreto y de la que un informe confidencial de la policía francesa, cuando se estableció en París con Godoy ya en el exilio, afirmaba que lucía en sus apariciones públicas joyas por valor de cuatro millones de francos de la época. Las mismas con las que al parecer obtuvo un préstamo de 600.000 francos del Banco Rollac. El misterio está servido y Elena Muñoz no desperdicia un ápice de esta figura, pocas veces tratada en nuestra literatura. Una de esas escasas ocasiones fue la novela Pepita Tudó del dramaturgo Ceferino Palencia, que se inspiró para ello en esta mujer de quien se piensa, no sin fundamento, que fue ella y no la duquesa Cayetana de Alba la que retrató Francisco de Goya en sus celebres pinturas de las majas vestida y desnuda.
Entre los numerosos detalles narrativos que guarda la novela, destaca el que utiliza Elena Muñoz para subrayar la relación adultera de Godoy con la Tudó. Para ello escoge el encuentro de los amantes con Gaspar Melchor de Jovellanos, quien representa mejor que nadie la ética y la virtud como ningún otro personaje de su época. 
En definitiva, Vientos del pasado es una novela que merece leerse no solo para descubrir el secreto que se esconde tras el cuadro, sino para pasar un rato agradable disfrutando de la lectura y del buen hacer literario de Elena Muñoz que se ha revelado como una solida voz de nuestras letras. © Francisco J. Castañón

lunes, 4 de julio de 2016

Reseñas para tardes de verano I: Escoba de quince, abecedario de la poesía

EN LOS PELDAÑOS
DEL TIEMPO

Trece años después de publicar su último poemario, “Hojas debidas”, Emilio González Martínez da a la luz “Escoba de quince -abecedario de la poesía-” (Vitruvio, Madrid 2014).
Este bonaerense nacido en 1945, reside en España desde hace casi cuatro décadas, y compagina su labor literaria con su trabajo como psicoanalista.
Coetáneo de una generación de relevantes autores -Ricardo Piglia (1940), Alberto Laiseca (1941), Antonio Tello (1945), Guillermo Saccomano (1948), César Aira (1949)…-, el vate argentino ha dispuesto ahora, un volumen rígido en su forma, integrado por cuarenta y siete poemas, cada uno de los cuales consta de quince versos, divididos en cinco estrofas de tres -excepto el titulado, “Nueva”, que tan solo cuenta con doce versos-.
En una de sus variadas reflexiones en torno al proceso creativo, afirmaba José Angel Valente que el lector no debe buscar una explicación en la experiencia exterior que da lugar al poema, porque esa experiencia no existe más que en el poema y no fuera de él.
Contraviniendo la recomendación del poeta orensano, resulta imprescindible al hilode la lectura de los
versos de Emilio González Martínez, el poder acercarse a la realidad que circunda su más íntimo derredor.
Pues, en verdad, su decir nace rotundo y sonoro, mas con la intención de hallar cobijo en un sujeto ajeno que pueda hacerse cómplice de su mensaje:
“No soy aquel que está escribiendo/ en este mayo de llovizna y luz,/ ausentes las horas del reloj (…)
No soy tampoco el dueño de mi voz,/ esa que se apropia de mi nombre/ y lo nombra y lo escribe en las paredes./ No soy, por fin, aquél que dice estas palabras./ Aunque lo parezca,/ no soy aquél, ni éste, ni su
sombra”.
Esta “Escoba de quince- que debe su título  al popular juego de naipes del mismo nombre-, se divide en cuatro apartados: “entre lo que fue y lo que no es, todavía”, “amar la poesía”, “está pasando -aún-” y “abecedario de la poesía”.
En cada uno de ellos, se aúnan el fulgor de un verbo de grácil y bien armado con la mesura de un discurso que apuesta por el compromiso del hombre con su devenir.
Sabedor de que la poesía es vértigo y mirada, misterio y sorpresa, llama y tormenta, González Martínez arriesga en su decir y extrema, en ocasiones, el tono de su verso para esenciar la inquietante realidad que lo rodea:
“Como el despertar que echa a andar en los sueños/ trepana la vida pública,/ las calles céntricas,/ los mansos trigales, las inagotables,/ violentas cataratas,/ las esquinas del mar, los negros yacimientos./ Trepana todo desde abajo,/ desde las cumbres del fondo,/ donde yacen, vivaces, los sueños de un pueblo”.
Hace tiempo que el 15 está considerado como un número armónico, y que por su raíz de 6, tiene relación
con el equilibrio y el amor. No es casualidad, por tanto, que en estas páginas que remiten a tal cifra desde su epígrafe, haya también un acentuado componente amatorio, desde el que el poeta logra instantes de alta temperatura lírica y donde su voz se manifiesta de manera más honda y reveladora:
“Mira hacia el ocaso y cómete la luz/ cuando en los peldaños del tiempo/ asome nuestra creciente desnudez./ Dentro, muy dentro en este amor, acecha un vendaval de labios,/ y la húmeda vendimia de la carne”.
Un poemario, a la postre, donde nada queda al azar, pues cada apuesta, cada carta, se juega muy cerca del corazón que sostiene y alienta sus líricos latidos.

Jorge de Arco

Reseña publicada en
GRANADA CULTURAL
el 31-03-2015

martes, 21 de junio de 2016

Cultura transartística: Poesía y Arte

Estamos en una sociedad en la que la colaboración no es que sea necesaria, sino que es fundamental. Se trata de aprovechar lo que se denominan sinergias.

El mundo de la cultura no es ajeno y por eso proyecto transartísticos como el llevado acabo por la galería de arte madrileña Art Design Madrid, dirigida por Elena Ninerica.

Una galería situada en uno de los barrios bohemios con más solera de Madrid, el barrio de Lavapiés, y que en palabras de su directora quiere ser un lugar de encuentro cultural de  diferentes disciplinas.
Con este objetivo el pasado día 18 de junio tuvo lugar el recital poético "Para que ponerle título si lo que importa es el poema". Organizado por el poeta Fernando López Guisado y la gestora cultural, también poeta, Elena Muñoz, concitó a diecisiete autores entre los más relevantes del panorama poético español. Mujeres y hombres que con sus poemas hicieron un recorrido de emociones, una dramáticas, otras líricas, pero siempre apasionadas.

Un proyecto que promete a partir de otoño crecer y promover  acciones de este y otro calado que seguros dinamizarán el panorama cultural.

miércoles, 8 de junio de 2016

Leer un cuadro: La Gran Vía de Antonio López.

 "Una obra nunca se acaba, sino que se llega al límite de las propias posibilidades".

Esta cita del propio Antonio López puede ser la síntesis de su pensamiento pictórico, en la minuciosidad de su pincel y lo exhaustivo y prolongado en el tiempo de la factura de sus cuadros.

Nacido en el pueblo manchego de Tomelloso al inicio del 1936, año de funesto recuerdo para los españoles, es uno de los pintores vivos más reconocidos del panorama español. Su arte no solo es vocacional sino también genético ya que es sobrino de Antonio López Torres, cuyas obras se pueden contemplar en el museo de la patria chica de ambos.

Como tantos pintores no pudo en su momento escapar de la influencia potente de Velázquez, de su admiración por el pintor sevillano, maestro de maestros. En su primera época se le puede encontrar una cierta influencia de Salvador Dalí, sobre todo por el celo en el dibujo y en el realismo. En algunas de sus obras primeras, y dentro de este concepto, se ha querido ver reminiscencias surrealistas.

A mitad de la década de los cincuenta, la pintura de Antonio López ya se va asentando en lo que luego se le ha llamado hiperrealismo, apartándose de la corriente de la abstracción, en la que López tuvo grandes amigos, entre otros Lucio Muñoz.

El Hiperrealismo es una corriente pictórica de raíces norteamericanas, surgida tras el Pop Art. Aunque lo que más llama la atención y se queda en la pupila del espectador es la absoluta copia de la realidad, nuestro ojo nos engaña, porque los pintores hiperrealistas van más allá de lo que la percpeción visual puede captar de la realidad. De ahí el subfijo Hiper. Con una técnica cas "magica" los cuadros se nos convierten en una ventana a un mundo lleno de reflejos, luces, grietas, texturas y perspectivas que difícilmente podemos captar a simple vista.

Nos encontramos en el camino inverso que a finales del siglo XIX y principios del XX hizo la pintura: abandonar el interés por reproducir la realidad, ya que para eso estaba la fotografía. A cambio el arte pictórico ofrecía toda un desestructuración  de la perspectiva y de la forma que dieron lugar a los ismos. Con la aparición del hiperrealismo la pintura recobra y da una vuelta de tuerca a esa realidad.

No cabe duda de que en ese trayecto Antonio López ha tenido un gran protagonismo, que se resume en el cuadro que nos ocupa: La Gran Vía. Una visión de una de las arterias más importantes de la capital de España y de la que López nos ofrece un panorama extraordinario. Pintado de madrugada durante siete años, para captar la avenida sin apenas tráfico, en el que el vacío es un protagonista más, sitúa a los espectadores en una perspectiva casi imposible, a la altura centrimetral del asfalto, en la que la calle se retuerce para perderse en el fondo, mientras que el edificio de la izquierda avanza como un buque insignia sobre los ojos asombrados que lo contemplan.

Dos triángulos, el formado por la señal de la calzada y el hueco del cielo, juegan también con la composición. Y mientras la línea del punto de fuga nos obliga a perdernos hacia la plaza de El Callao, la flecha de la izquierda nos indica la bajada, produciéndo una contradicción visual que da un movimiento máximo a todo el motivo pictórico que de otra manera sería absolutamente estático. La genialidad del pintor huye de este peligro y convierte a esta obra en una delicia para los sentidos, atrapados en la minuciosidad de la pincelada que hace protagonista vivo un paisaje urbano.

LA GRAN VÍA



Silencio. Silencio sonoro que se desprende del lienzo, que avanza hacia nosotros. Silencio rotundo en los breves instantes anteriores en que la gran arteria se inunde de la sangre que alimenta la ciudad, en circulación constante de vehículos y peatones.

El cielo azul madrileño se atisba sobre los tejados.

Nuestros ojos se sitúan en la encrucijada de dos caminos, tal vez de dos destinos.

Es la madrugada  Siete años, bíblico arcano, ha tardado el pintor en reflejar aquello que nos salta a la pupila, que se abre asombrada ante la absoluta realidad  que nos confunde, y nos hace creer que es cierto, que somos nosotros los situados entre la calle Alcalá y la Gran Vía.

La Gran Vía, perpetuada en canciones, en zarzuelas, en la vida y milagros de propios y extraños que recorren todos los días sus aceras, su calzada,  limpia y repleta de oxígeno en el cuadro, en el que nada está dejado al azar.

La Gran Vía, ahora y siempre. La Gran Vía y Antonio López.

Artículo y relato Elena Muñoz



martes, 31 de mayo de 2016

"Nacidos bajo el signo de Eros", la incursión de Elena Muñoz en la literatura erótica

El próximo día 8 de junio la escritora ripense Elena Muñoz presentará el libro de relatos Nacidos bajo el signo de Eros. Esta publicación bajo el sello de Ediciones Ondina supone la quinta obra de la escritora y la primera dedicada en su totalidad al género erótico. Si bien en sus dos novelas , Como el viento en la espalda y Vientos del pasado, el secreto tras el cuadro de Ediciones Bohodón, la escritora planteaba episodios de claro matiz erótico,(implícito también en alguno de sus poemas),  en esta última obra entra sin tapujos pero con delicadeza en las distintas caras que el sexo y la literatura pueden plantear.

 A lo largo de quince relatos, las diferentes tramas nos presentan historias en las que el erotismo juega como nexo. Desde la época clásica, la Edad Media, pasando por situaciones cotidianas o juegos prohibidos, Muñoz nos describe escenas en los que, sin evitar "entrar en materia", tienen cabida el  humor, el misterio, el drama y las emociones - no hay que olvidar que  es una escritora que se mueve con facilidad en cualquier género narrativo-,  que traspasa las páginas para atraer al lector a un mundo absolutamente seductor. Como ella explica en el prólogo del libro el objetivo es entretener y hacer disfrutar de un rato de placer, avivado a través de la imaginación:

"Imaginación, esa es la única condición que ha de tener aquel que se asome a estas páginas para situarse en las distintas historias que contiene. Cada relato cuenta una situación diferente: una inocente conferencia, la Roma imperial, una celda de la Inquisición o una fiesta en casa de un gánster son algunos de los escenarios en los que van a sucederse los hechos en los que el sexo, en cualquiera de sus variantes, adquiere todo su protagonismo.
Pero no he querido que este libro sea sólo una sucesiónde “polvos” más o menos descritos de una manera explícita. Mi intención ha sido que las tramas, las historias pongan un marco a las escenas eróticas que he querido estuvieran adornadas por la belleza de la palabra".



La edición del libro presenta una excelente portada, obra del ilustrador Ricardo Ranz.

La presentación tendrá lugar en el CENTRO SOCIAL DE COVIBAR, Avd. del Deporte s/n. Rivas Vaciamadrid (metro línea 9). Autibuses desde Conde de Casal. (Madrid)