martes, 10 de noviembre de 2015

Elena Muñoz: Vientos del pasado.

El pasado día 8 de octubre la escritora Elena Muñoz presentó su segunda novela en el Centro Social de Rivas Vaciamadrid, ciudad de residencia de la autora.
Al igual que en las ocasiones anteriores, fueron muchos los seguidores y amigos que acudieron a la puesta de largo de Vientos del pasado, el secreto tras el cuadro, publicada por Ediciones Bohodón.
La novela está protagonizada por Marta Nogales, para muchos el "alter ego" de la escritora, y  que también lo fue de la novela anterior Como viento en la espalda. Esta vez el robo de un cuadro desata dos historias que van trasladando al lector desde el pasado, concretamente 1869, hasta el presente, y que confluirán para desentramar el misterio.

- ¿Qué puede encontrar el lector en esta nueva novela de Elena Muñoz?

En principio una historia, bajo mi punto de vista, muy entretenida. A  través de sus página va tener la oportunidad de hacer un viaje a otro siglo y conocer a personajes que participan de un misterio muy interesante. Entre ellos a Josefa Tudor, amante primero y esposa después de Manuel Godoy. Será su voz la que nos vaya planteando un extremo de la trama y nos dará a conocer aspectos de personajes históricos como el mismo Godoy, Carlos IV, Fernando VII o la duquesa de Alba. Simultáneamente otra mujer, Marta Nogales, en 2012, participa de la trama más "policíaca" de ese recorrido, que se va intercalando en su propia vida personal, en la que tiene que tomar decisiones difíciles que afectan a sus sentimientos como madre y mujer.

- ¿Cómo surge la idea de Vientos del pasado, el secreto tras el cuadro?

La idea surge cuando todavía no había publicado Como viento en la espalda. El cuadro protagonista de esta segunda novela tiene una aparición mínima en aquella. Pero, para mi sorpresa, en la investigación que hice para situar de manera correcta este detalle se me presentaron una serie de datos históricos que me abrieron un montón de posibilidades. Hubiera podido alargar la primera novela hasta las setecientas páginas, pero preferí guardarme para esta segunda, y así lo hice. Y creo que fue una decisión muy buena.

- Parece, por tanto, que estamos ante una saga protagonizada por Marta Nogales.

Bueno, en principio se puede hablar de trilogía, que me gusta denominar del viento. En estos momentos estoy escribiendo la tercera novela: Donde el viento me lleve, en la que espero resolver ya todos los misterios y conflictos. No obstante, he querido que tanto la anterior, Como el viento en la espalda, como ésta que comento, se puedan leer como historias independientes.

- Algunos críticos han señalado a Elena Muñoz como la nueva Agatha Christie. ¿Estás de acuerdo en ese juicio?

Sinceramente para mí fue una sorpresa y un honor. Aunque sé que muchos no consideran a Agatha Christie como una gran escritora desde el punto de vista estilístico, para mi es la reina a la hora de presentar las tramas de misterio. Todo el mundo sabe de mi admiración por ella, y considero novelas como Diez negritos, Asesinato en el Orient Express o sus relatos cortos, como Testigo de cargo o La ratonera como obras maestras. Creo que la razón de considerarme así surge de el entorno en que se desarrollan mis tramas, en un ambiente de clase media acomodada, que puede asemejarse al de la escritora británica.

- Para terminar, ¿en qué proyectos tiene puestas sus energías Elena Muñoz? 

En este momento, sobre todo, en las promociones y nuevas presentaciones tanto de esta novela como del poemario Momentos de arena y hielo, que presenté en junio pasado.El haber publicado dos obras en el mismo año me causa una gran satisfacción, pero también me obliga a un esfuerzo.
Por otra parte, acabo de ser nombrada vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid, una tarea más de gestión, pero que he aceptado con orgullo, agradeciendo al presidente Luis Compés su confianza. Así que tarea, de momento, no me va a faltar.

SINOPSIS



Una historia que, seguro, mantendrá el interés del lector hasta el final, haciéndole testigo de dos tramas que se van desarrollando en dos épocas muy diferentes para, finalmente, encontrarse. Una tendrá como protagonista a Marta Nogales, mujer intrépida, tierna y fuerte al mismo tiempo, que ira afrontando una serie de sucesos que pondrán a prueba su ingenio y su voluntad; la otra a Josefa Tudó, amante primero y esposa después, de Manuel Godoy, primer ministro del rey Carlos IV.
Dos mujeres que nos llevarán de la mano a través del tiempo desde el pasado hasta el presente, para descubrir el secreto celosamente guardado por un misterioso cuadro




miércoles, 4 de noviembre de 2015

Leer un cuadro: Habitación en Arlés de Van Gogh

Corre el año de 1888. Vicent Van Gogh llega a la ciudad de Arlés en donde alquila una vivienda, denominada "la casa amarilla" y que podemos conocer a través de un cuadro homónimo del propio artista . Atrás quedan años de incertidumbre, primero en un trabajo de comercio de arte que le astraga hasta el punto de llegar a decir que es un "fraude";  después como predicador frustrado, hasta terminar, aconsejado por su hermano Theo, matriculándose en la Escuela de Bellas Artes. Así emprende el pintor una carrera que, aunque no duraría mucho, unos diez años, sería tremendamente fructífera: más de novecientos  cuadros, de los que destacamos veintisiete autorretratos y ciento cuarenta y ocho acuarelas. También se conservan mil seiscientos dibujos realizados en este periodo.
 
A través de su producción se puede observar la evolución del pintor holandés, desde unas primeras obras en las que se  encuentra una gran influencia de Millet, pasando por el descubimiento en Amberes de la luminosidad de la paleta de Rubens. En París tomará contacto con los impresionistas, de los que aprenderá  a utilizar en el color el llamado contraste de complementarios, que podemos encontrar en el cuadro de Los girasoles, por ejemplo. También descubre en la "ciudad de la luz" a los pintores japoneses Hokusai, Hirosigo y Utamano, de los que tomará la simplificación de las formas, la sencillez de sus interiores, que compensa la inestabilidad de su perspectiva. Todo este bagaje se transformará en un crisol que dara orígen al estilo de Van Gogh: postimpresionista, expresionista  e, incluso, fauvista.

Es esto último lo que encontramos en el cuadro que estamos comentando, Habitación en Arlés, un óleo sobre lienzo de 72x90 cm, y del que se conservan tres versiones, una en el Museo Van Gogh, el segundo del mismo tamaño, pero con algunas diferencias, se encuentra en el Museo de Chicago; el último, de menor tamaño en el museo D'Orsay de París. 

El primero fue pintado en 1888. En un carta a su hermano Theo, una de las seiscientas cincuenta que se conservan entre ellos, le significa que quiere conseguir resaltar la sencillez de su dormitorio, pues era la propia habitación del pintor, mediante el simbolismo del color. Quiere transmitir la idea de descanso y sueño usando tonos verdosos y azules, además de utilizar tres pares de colores complementarios: rojo-verde, amarillo-violeta, azul- naranja.

Como anédota podemos contar que fué en esa localidad de Arlés donde ocurre el extraño accidente de la oreja, en una época en que otro pintor, Gaugin, convivía con él. Las causas de esa amputación parcial del pabellón auditivo no está clara. Unas versiones hablan de un hecho voluntario, como acto de protesta por la boda de su hermano Theo; otras atribuyen el hecho a una pelea con el propio Gaugin.

Van Gogh muere dos años después de pintar Habitación en Arles, en 1890,  de un tiro en el pecho, que nunca se supo si fue accidental o provocado por si mismo, pues los últimos años del pintor están marcados por sus problemas mentales que le obligan a recluirse voluntariamente en sanatorios mentales, como en el de Saint Remy, en donde llegó a tener dos habitaciones, siendo una de ellas un taller.

La fama de Van Gogh creció después de su muerte, gracias, sobre todo a la esposa de  Theo, su única heredera a la muerte de su marido. A mediados del siglo XX ya se consideraba a Van Gogh cmo uno de los grandes pintores de la Historia del arte, y dos cuadros suyos: Los lirios y Retrato del doctor Gatchet fueron sendos records en dos subastas en Sotheby's.

El dormitorio en Arlés



(Relato)


 
El pintor no sueña en colores, sueña con ellos.  El pintor delira con objetos reducidos a los colores primarios, a los complementarios, solamente, que producen una sensación relajante con ecos orientales, sedantes, como los de la propia naturaleza que los genera, bajo el sol del verano o el blanco de la nieve en el invierno.

Rojo, azul y amarillo; luego naranja, verde y morado. Las líneas solo se convierten en pequeñas murallas que delimitan colores, como fronteras para que no se mezclen y conserven su pureza. Tal y como en las vidrieras de esas magníficas catedrales que se elevan por encima de las miserias de los pecadores.

Soñar no es dormir, y el pintor lo sabe, encerrado entre las cuatro paredes irregulares de ese dormitorio. Describe con sus pinceles una habitación para que acuda el ensueño, aunque a veces el insomnio de sus obsesiones, de su ansiedad o de sus alucinaciones  le impida  salir de un mundo de espirales y curvas que se repite como el círculo vicioso de su angustia por vivir.

Él que abominó del fraude que supone el comercio de la pintura, que como un nuevo Jesús en el templo del Arte, que quiso expulsar a los falsos sacerdotes de la mercadería del color y de la forma, morirá sin saber que, muchos años después su obra será valorada más allá de lo imaginado. El nombre de Van Gogh será símil de genio de la pintura, e, incluso, en un país extranjero a orillas del Mediterráneo unos jóvenes se servirían de su oreja amputada para titular un conjunto musical.

(Comentario y relato por Elena Muñoz)